mi vida era Inma

Cuando Inma se marchó todo empezó a cambiar. De la noche a la mañana las cosas más familiares y rutinarias se transformaron en novedades. Ya no olía a pan tostado por la mañana, ni se oía el saltar de las gotas de aceite en la sartén demasiado caliente al medio día. Ahora todo estaba más silencioso, tal vez incluso demasiado diría yo. No es que no me guste la calma, de hecho tengo una personalidad bastante laxa y sin sobresaltos, pero… me gustaba ella y su forma de transformar los días en nuevas aventuras a su lado.

Recuerdo cuando estudiaba ahí sentada, tan concentrada en sus apuntes y notas, me gustaba observarla y darle ánimos en silencio. En los días en que la notaba más alterada y estresada de lo normal le demostraba mi amor de todas las formas posibles para que se distrajese de su trabajo por unos segundos y le lograse arrancar una sonrisa. Qué cara más bonita se le ponía cuando sonreía.

Ya no la oigo ducharse, ni sus ronquidos al dormir, ni su voz tan estridente que tenía al hablar por teléfono.

Todo comenzó cuando vino aquel chico… sólo amigos al principio, pero luego  era él quien ocupaba los huecos de su cama que en otras ocasiones me regalaba a mí. Le tenía envidia; sí. Yo me odiaba cada vez que pasaba por su puerta y la veía cerrada en señal de prohibición. No es que me gustase ver las pasiones de sus intimidades, no soy de ese tipo de perversiones, pero nunca me gustó pensar que estaba con él, sola; que era él el que rozaba su piel y ella la que le respondía con la misma mirada que me echaba a mí. Lo odiaba.

Un día los oí hablar algo acerca de irse a vivir juntos. Al principio pensé que había entendido mal, sabes, distinguir palabras tras una puerta no es tarea fácil ya que nunca me dejaba acercarme a él. Al cabo de un tiempo me di cuenta de que estaba en lo cierto. Durante meses aumentó mi esperanza de que realmente se hubiese dado cuenta de que no valía la pena ya que no venía tanto, y las llamadas por teléfono disminuyeron, pero… llegó ese fatídico día.

Alergia, me dijo, que Jorge me tenía alergia… siempre pensé que sería a mí a quien elegiría antes que a nadie; pero me equivoqué. Y mira lo bien que me equivoqué. Inma se fue, lo escogió a él y se despidió levantándome en sus brazos por última vez y rascándome las orejas. Ronroneé como un estúpido con un hilo de esperanza de que todo fuese un mal sueño o una broma demasiado pesada. Pero no, al cruzar la puerta principal me di cuenta de que Inma se había ido para siempre.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s