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Me miraste,

y ahí estaba yo

perdiendo el rumbo entre las flores

violando la naturaleza de la libertad

vacía por dentro y por fuera.

Pero me miraste,

y por un instante que se volvió momento y milenio

y luego se tornó otra vez en instante

comprendí estar llena.

Me miraste con tus ojos color verano

y sentí el sabor de mil atardeceres

y de mil sonrisas en tus labios,

y comprobé que estaba llena.

Estaba entera de sentimientos y sensaciones

que hasta ahora no había palpado

no eran las típicas mariposas,

ni amor, ni cariño

era la ternura de saber qué era yo

y quién eras tú,

y que me daba igual todo

menos vivir sin esa sensación

de calor y fresco

de alegría y vida.

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