La puerta

– Te dije que no me buscases.

– Lo siento, no puedo evitarlo.

– ¿Para qué has vuelto a visitarme? ¿por qué te has vuelto a pasar por aquí?

– Me pasaba por casualidad, de hecho, y para ser sinceros, no te iba buscando.

– Eso es imposible, nos conocemos…

– Eso pensabas, y eso pensaba yo también, pero la vida da muchos giros, y a mi vida le gusta girar haciendo piruetas aún más absurdas.

– Y eso quiere decir….

– Que realmente no te buscaba. Me he encontrado contigo como un castigo o una bendicion, aún no estoy seguro.

– Nadie llama a la puerta de alguien que no conoce.

– Ya, pero dentro de mí sabía que tenía que tocar a este timbre, a este número.

– Las corazonadas ciegas ven más que las que planeamos, ¿no es así? Entonces… ¿qué quieres hacer?

– No lo sé.

– Pues si todo ha querido que lleges aquí y me toques a la puerta, creo que deberías dar el paso y decidir.

– Vente, haz que me vuelva a enamorar, entra dentro de mí y vuelve a activarme el corazón.

– Pensé que nunca volverías a decir eso, cuando me desterraste de tu alma pensé que estabas loco.

– Y lo sigo estando, solo un loco llama a la puerta de un desconocido, ¿no? También sé que sólo un loco vuelve a meterse en la boca del lobo y disfruta con ello.

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