marrón

Eran grillos lo que caía de los árboles, grillos verdes. El viento, azotando con una fuerza invisible, los golpeaba y sacudía, y éstos se desprendían de raíz de las ramas de los árboles. La niña marrón paseaba con su vestido marrón, sus medias marrones y su pelo rojo. Caminaba por debajo de los árboles de grillos con su pelota blanca y su mirada perdida, andaba por ese paisaje marrón y verde. El sol se ponía, la luna aún no estaba y las nubes se tornaban rosas junto al cielo en el que empezaban a aparecer las primeras estrellas. La niña le pegó una patada al balón tan fuerte que lo colgó del techo que ya había dejado de ser rojizo para tornarse azul oscuro, cada vez más oscuro; hasta convertirse en negro. La niña sonrió. Y se despertó.

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