Vida en sepia

Aquella casa estaba impecable de metro sesenta y cinco hacia abajo. Impoluta. La madera tenía un brillo que sólo podía conseguirse tras pasarse un paño impregnado de loción para muebles dos veces al día. Los retratos y objetos varios de decoración, obra de la recolección de suvenirs de distintos pueblos de España, se distribuían en […]

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No me cosas la boca ni me ates los cordones de los zapatos tropezar, siquiera pueda pero sé que terminaría volando. No me quemes los dedos pues mi amor está latente ese ardor por un cariño, mío, solo mío, que nadie más puede quitarme o darme. No eres tú ni nadie quien me prohíbe los […]

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