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No me cosas la boca
ni me ates los cordones de los zapatos
tropezar, siquiera pueda
pero sé que terminaría volando.

No me quemes los dedos
pues mi amor está latente
ese ardor por un cariño,
mío, solo mío,
que nadie más puede quitarme o darme.

No eres tú ni nadie quien me prohíbe los sueños
no eres tú ni nadie quien me tapa los ojos.
Mis miedos, mis suspiros
los lanzo yo quiera o no quiera.
Mis metas y zancadillas
las marca mi propio ritmo.

Y no me cosas la boca
seguiré sonriendo
siempre,
quiera o no quiera.

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