Y poder ser libre…

—¿No te ha pasado nunca?
—¿El qué? —la mira con calma.
—El querer desnudarte delante de una situación, ese sentimiento de que la ropa te molesta, te estorba, esa sensación de que no perteneces ahí, no quieres estar ahí y necesitas quitártelo todo.
—Sabes que nunca he sido muy exhibicionista, siempre es demasiado pronto para ir a la cárcel o pagar una multa —ríe y sigue leyendo la prensa sentado en el banco de enfrente de la facultad.
—No es cuestión de exhibicionismo, no me refiero a quitarte la ropa de forma física, me refiero a desnudarte por dentro, a volar, a viajar, a saltar y no tocar el suelo de nuevo.
—¿Te refieres al sistema opresor de la ropa medida por un tallaje universalizado?—pronuncia con final irónico.
—Me refiero a ser libre. Hablo de expandirse, de no haber tabús, de que ninguna prenda nos limite los movimientos.
[Risa por parte de una, silencio por parte de la otra. Merma la risa: silencio absoluto. Miran al horizonte.]
—Nunca he sentido ganas de desnudarme en público.
—Pues yo me canso de sentirlo.

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