La carretera

El coche por fin arrancó, la mezcla de miedo y llanto le impedían ver las líneas de la
carretera pero ella huyó de la ciudad con la poca ropa que había logrado rescatar. El
pulso le temblaba pero cogía el volante con la misma firmeza con la que minutos antes
había cogido también el arma homicida. Ya, jamás, le volvería a pegar, jamás. Ahora tenía
un mundo para huir, un recuerdo por apagar y un alma por curar.

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