Caparazón

Por donde vagaba, las calles seguían quedando vacías.
Ni un alma,
era como si los sueños se hubiesen roto para todo el mundo.
Y con cada paso:
soledad.
El color se extinguía a cromo negro
y la danza de los sentidos se quedaba sin música.
(Mi corazón se asfixia
pero no hay vuelta atrás.)

Era un trago de cianuro
donde los minutos se contaban como últimos
y cada paso dejaba la huella que no volvería a imprimirse.
Era un trago de amarga realidad.

Miedo,
al dolor, a vivir, a sentir.
Prefería tanto mi caparazón que decidí construirse una caja a su alrededor
y dormir por siempre allí dentro.

Los silencios se hicieron densos
como la niebla que distorsiona
una realidad en llamas.

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