La paradoja de lo inexistente

No nos damos cuenta de nosotros mismos

ni de nada a nuestro alrededor.

La paradoja de la existencia inexistente

que solo echamos de menos cuando ya se ha ido, así, de repente.

Solo nos creemos vivos cuando estamos cerca de la muerte.

Solo notamos prisa cuando ya no tenemos tiempo.

Nadie nos ha enseñado a disfrutar del presente,

ni nosotros mismo.

Los días pasan uno tras otro

como si con cada oportunidad pasada

nos fuesen a regalar otra nueva opción.

Un minuto muerto que jamás volverá.

Una incesante inercia…

solo nos percatamos de que la tierra gira

cuando a nuestro alrededor se ha caído algo.

Y mientras tanto,

seguiremos pensando en el mañana y en el luego

en el “hoy no”, en el “un día es un día”

tomamos la indulgencia por veneno

que nos paraliza. Nos prohibimos realidad.

Y luego, de repente

cuando algo sucede,

se levanta nuestro velo de inconsciencia,

la inocencia del ser humano,

y recordamos que somos efímeros

para luego seguir galopando.

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A un amigo mago.

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