Zapatos

Vivíamos en una caja de zapatos y ambos éramos izquierdos. Sabíamos que nunca encontraríamos a nadie que nos llevase a casa y dejase ser felices juntos. Así que disfrutábamos del momento con la tristeza de una mariposa de un día. Y pasaban las horas y yo notaba que me marchitaba y tú dejabas de sonreír.

Un día desapareciste y supe que estarías con alguien mejor. Me negaba a pensarte puesto con un vestido bonito caminando junto a tu otro yo más perfecto. Me negaba pero lo hacía, lo hice más noches de las que quiero recordar. Luego me dieron mi otra media mitad pero jamás me sentí tan bien con sus virtudes que con tus imperfecciones.

A veces pienso si tú te sientes igual. Si sigues echando de menos nuestra simetría o si por el contrario yo fui lo pasajero. A veces mientras me guardan miro a mi derecho y solo veo todo lo que tú no eres y quiero. No sé si alguna vez te has vuelto a despertar echándome de menos. Pero yo sí. Salgo a pasear con el miedo y la esperanza de verte en pies ajenos, con el miedo y la ilusión de que al verme te acuerdes de mí.

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