Hay quien se tropieza por vicio

Hoy creo que me late el corazón solo por autoimposición propia.

Igual que la respiración.

Tengo que acordarme de decirle a mi sangre que circule y a mis párpados que cierren los ojos.

Maldigo una y mil veces mi cabeconería

especialmente la de cuando me quise tropezar con tu risa aquella noche,

el suicidio estuvo más que premeditado

y ahora me rebato y debato

porqué debería decirle a mi cuerpo que siga su curso diario

pero es que no quiero ni sé dónde guardé los zapatos.

 

Cada semana que pasa

te hendes más en mi cuerpo.

Ya no sé qué tipo de palabras te puedo dedicar

oigo eco en las que eran nuestras porque solo estoy yo paseando por ellas.

Poco a poco se desvanecen los trucos de magia

y he dejado de olerte en mis cuentos de antes de dormir.

 

Y todo esto lo siento

con la anulación con la que me encuentro,

no sé si es tu mirada que se me atragantó la que por fin he escupido

o es que ya me estoy acostumbrando a digerir con esto que me entapona el resto del cuerpo

sabiendo que serás una cicatriz más que supura especialmente por las noches.

Pero sigo mirando tu estado en línea sin mediar palabra

porque he dicho tantas cosas contrarias a las que siento

que podría escribir un diccionario de antónimos y seguiríamos sin entendernos.

 

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